Este post es parte de la serie Activismos Textiles una recopilación de casos sobre la intersección de arte textil, tecnología y activismo por el cambio social en Latinoamérica. Visita también:


Ciudad de México, 2020
Entrevista a Regina Méndez (cofundadora) y Verónica Gil Montes (integrante del colectivo desde 2017).
Fotos: Fuentes Rojas
Por: Daniela Whaley

“Fuentes Rojas invita a reclamar el espacio público, denunciar las injusticias y reconstruir la memoria colectiva nombrando a las víctimas de la violencia a través del bordado”

¿Qué es y qué ha hecho Fuentes Rojas?

Desde 2011, un grupo de ciudadanxs en México, decidió actuar frente a la situación del país con acciones directas, replicables y autónomas que permitieran visibilizar lo que el gobierno negaba: la violencia, las muertes y un concepto que en ese entonces empezaba a tomar fuerza: personas desaparecidas.

Una de sus primeras acciones fue acompañar la Marcha nacional por la paz con justicia y dignidad con la convocatoria Paremos las Balas, pintemos las fuentes que consistía en teñir de rojo las fuentes emulando la sangre derramada y con la iniciativa Bordando por la Paz y la Memoria. Una víctima, un pañuelo, Fuentes Rojas invita a reclamar el espacio público, denunciar las injusticias y reconstruir la memoria colectiva nombrando a las víctimas de la violencia a través del bordado.

Pinta realizada el 7 de marzo de 2020 en la Fuente de los Coyotes, Coyoacán, CDMX
fuentes-rojas

 

A lo largo de 9 años, el colectivo y sus medios de protesta se han transformado, pero Bordando por la Paz y la Memoria. Una víctima, un pañuelo, continúa y se ha replicado en múltiples iniciativas autónomas no sólo en varios estados de México, sino en otros países. El colectivo sigue cumpliendo con la cita todos los domingos de 12 a 15 h, principalmente en la Fuente de los Coyotes en el centro de Coyoacán en la Ciudad de México, aunque también habitan otras locaciones según la coyuntura. Su acervo de pañuelos bordados conforma un memorial que da cuenta de la violencia en México y han tenido presencia en marchas y manifestaciones públicas, universidades, eventos y museos en diferentes partes del mundo.

¿Cómo surge?

En enero del 2011, Eduardo del Río, el conocido monero Rius, convocó junto con otros mexicanos a manifestar, pacíficamente, el descontento y frustración ante la “guerra contra el narcotráfico” que Calderón inició, en el 2006, contra la delincuencia organizada. El grito colectivo fue: No más sangre. Ese mismo año, Javier Sicilia, poeta y activista, después de la muerte de su hijo, convoca a la Marcha nacional por la paz con justicia y dignidad que recorrió en mayo de ese mismo año desde Morelos hasta el Zócalo en la Ciudad de México. A raíz de este movimiento ciudadano, surgieron muchos más espacios de participación y denuncia, académicos y artistas militantes comenzaron a discutir posibles acciones desde la sociedad civil. Entre ellos, el colectivo Fuentes Rojas.

Objetivos:

Desde las preguntas ¿cómo contribuimos a visibilizar la situación de violencia en el país? ¿cómo comunicamos que lo que está sucediendo es importante? ¿cómo ayudamos y acompañamos a los familiares en su dolor? ¿cómo a-bordamos una realidad tan dolorosa?

Alcances:

La iniciativa Bordando por la paz se replicó de forma autónoma en varias ciudades del país y del mundo como Puebla, Monterrey, Oaxaca, Hermosillo, Guadalajara, Torreón, Toluca, Veracruz, Acteal, Barcelona, Nueva York, Francia, Puerto Rico, Montreal, Córdoba, Argentina. Cada iniciativa borda sus propias bases de datos pero todos, desde sus territorios, bordan por la paz en México. Algunos ya no están activos, otros no se constituyeron como colectivo pero continúan intermitentemente, otros, como el caso de Puebla impulsado por Rosa Borrás están fuertes, firmes y actuales.

Pañuelos bordados han sido exhibidos en Japón, Austria, Alemania, España, Estados Unidos, Chipre, Francia, Puerto Rico, Argentina, Canadá, entre otros.

¿Cómo lo realizan? Intervenciones creativas públicas, pacíficas y abiertas

  • Construcción de un archivo textil ciudadano

En cada pañuelo bordado se concentra información. Cada uno cuenta la historia de una o varias personas que han sido desaparecidas (se bordan en hilo verde simbolizando la esperanza de volverlos a ver, sugerencia del colectivo de Monterrey) o asesinadas (hilo rojo), la fecha y lugar de los acontecimientos, su pertenencia a un grupo (si es el caso) o anécdotas contadas por sus familiares. El colectivo da seguimiento y cuidado a los pañuelos, por ello también tienen una clasificación numérica en uno de los extremos. La numeración se vuelve fundamental cuando sabemos que al comienzo del proyecto, en 2011, la cifra era de 40,000 personas asesinadas y 28,000 personas desaparecidas. La cifra actual asciende a más de 60,000 desaparecidos y 37,000 muertos sin identificar. La base de datos del colectivo es mayor a 100,000 personas. Desafortunadamente, les sobran casos. La realidad las supera. Desconocen la cantidad total de pañuelos bordados por el colectivo. Y ninguna podría decir la cantidad de pañuelos que ha bordado pero saben que cada pañuelo es especial porque cuenta la historia de alguien, incluidos los sin nombre.

Los casos pueden llegar desde bases de datos, noticias o directamente de los familiares de las víctimas, después se verifica o cruza la información con las noticias y bases de datos de otros colectivos, se redacta y se traza la historia en el pañuelo para que sea bordado. Bordar no es una actividad mecánica, es también un proceso reflexivo y las historias interpelan a quien borda. Este un bordado más lento que el normal, porque el contenido es difícil. Hay un proceso de dignificación, de alguna manera, “se devuelve humanidad a través de un pañuelo” afirma Regina. Quienes bordan se convierten en parte de esas historias personales, aunque desde otro lado, “y sus historias nos regalan la posibilidad de construir en colectivo”. Cada pañuelo está cargado de ello pues lo bordan muchas manos.

  • Gestión y vida de los pañuelos: Además de la labor de bordado, la gestión del acervo de los pañuelos requiere tiempo y dedicación. Cuando iniciaron definieron como meta la construcción de un memorial itinerante y han logrado más de uno.

Entre ellos, han donado 400 pañuelos al acervo del Museo Universitario de Arte Contemporáneo de la UNAM que fueron exhibidos en la exposición #NoMeCansaré, 6 pañuelos al Museo de la Memoria de Rosario, Argentina, y el Museo Reina Sofía en España también posee en su acervo un stock de 200 pañuelos. Estas donaciones conllevan una importante labor de gestión, pues los museos tienen sus propios protocolos: llenar formularios, aprender catalogaciones y hacer registros son algunas de las tareas implicadas. “Los pañuelos adquieren una vida política propia y muy activa”, comenta orgullosa Regina. Los pañuelos van y vienen. Cruzan fronteras y hablan con suavidad de una cruda realidad. A partir de ellos se tejen redes. Decidir qué bordados viajan y a dónde también tiene que ver con los contextos políticos y las relaciones con México de cada lugar, por ejemplo, a Alemania viajaron los pañuelos de casos de defensores de la tierra y el agua de territorios donde empresas alemanas financian y accionan.

  • Paremos las balas, pintemos las fuentes:

En el 2011, se acompañó el recorrido de la Marcha nacional por la paz con justicia y dignidad pintando 22 fuentes. La convocatoria Adopta una fuente se lanzó por Facebook junto con instrucciones específicas de la cantidad de pigmento por volumen de agua, las fuentes permitidas y las no recomendadas (fuentes federales, fuentes estatales) e indicaciones de qué hacer en caso de que tuvieras un encuentro con la policía.  El pigmento es rojo para emular la sangre derramada en el país. En ese momento, se reunieron más de 60 personas. El colectivo se ha reducido (pero ampliado) desde entonces.

En la reciente marcha del 8M para protestar sobre la violencia que viven las mujeres, se reactivó la iniciativa por otros colectivos y algunas fuentes amanecieron pintadas para denunciar los feminicidios diarios que se viven. Fuentes Rojas participó donando materiales y pintando la fuente que habitan los domingos, la de los Coyotes.

Es importante desmitificar el bordado como exclusivamente femeninas, la reapropiación de estas prácticas desde la militancia y el activismo abre posibilidades.


Aprendizajes:

  • Apropiación del espacio público. La ciudad, sus parques y sus fuentes son elementos que se pueden apropiar y habitar sin violencia para visibilizar las denuncias y la resistencia social.
  • La convocatoria es variable, la perseverancia no. Cuando el proyecto comenzó en 2011, las reuniones de organización eran de más de 60 personas. Hubo quienes sólo les interesó participar en las pintas de fuentes y no participaron en la iniciativa de  bordado. Ha habido quienes llegaron años después gracias al bordado. La convocatoria es libre y por ello ha sido fluctuante, pero si el colectivo y las acciones se han mantenido a lo largo de 9 años es gracias a las tres mujeres del colectivo. Es una convocatoria permanentemente abierta, así que un alto porcentaje de la gente que llega a bordar es porque se entera de voz de alguien más, vio los pañuelos o lo vio por Facebook, muchas veces se trata de bordadores esporádicos. Lo que sostiene la práctica es que el colectivo está ahí cada domingo, bordando por la paz en nuestro país.
  • El compromiso con el activismo también proviene de y alimenta la empatía. Afortunadamente, ninguna de las integrantes del colectivo ha sido víctima de la violencia como las historias de las personas que bordan, pero pueden entender y acompañar a quienes lo viven. Sus acciones de bordado, cultivan la empatía.
  • En estas acciones colectivas no hay autoría. El concepto del autor está desdibujado en las acciones que realiza. Los nombres de pila de quienes bordan forman parte de la arquitectura del pañuelo, pero los bordados rara vez son terminados por quién los empezó y son susceptibles a ser intervenidos por nuevas manos y actualizados si se presenta nueva información. A veces, los pañuelos tienen un listado grande de nombres de los bordadores.
  • Las fuentes de información son humanas y muchas veces directas. Algunas veces son los familiares de las víctimas quienes se acercan a denunciar su caso e incluso reciben pañuelos bordados por los mismos familiares o amigos de las víctimas. En estos casos, el pañuelo no cuenta con clasificación pero contiene testimonios y palabras únicas.
  • Cada lugar donde se acciona conlleva diferente recepción. Aunque Fuentes Rojas borda principalmente en Coyoacán, han activado muchos otros puntos de bordado. Cada lugar reacciona distinto y genera diferentes públicos, no es lo mismo hacerlo en el metro, en el patio de un museo o de una universidad o escuela.
  • Además del registro fotográfico de las acciones, considera también la fotografía de producto. El colectivo ha logrado registrar prácticamente todas las acciones realizadas desde 2011, en los álbumes de su página de Facebook podrás revivir sus pintas de fuentes y encuentros de bordado. Actualmente trabajan en el acervo fotográfico de los pañuelos, que resulta una tarea titánica dada la cantidad. Es importante destacar la relevancia de la fotografía, no sólo para la memoria, también para diseñar una campaña de comunicación integrada a los objetivos de activismo. Hacer un buen registro de la materialidad de los productos de activismo también es importante.
  • Considera la replicabilidad de los proyectos para que crezcan. Adelante podrás leer sobre los impresionantes alcances internacionales que ha tenido esta iniciativa.
  • El activismo puede trabajar a otras velocidades. La lentitud del bordado permite que la información se procese distinto, mientras se borda en comunidad se platica, se digiere, se dialoga, se piensa desde una lógica distinta. Desacelerar los procesos o elegir procesos lentos también puede fortalecer a una comunidad.
  • La apertura, escucha y flexibilidad pueden ser puntos clave para la longevidad de los proyectos. Cada integrante puede proponer acciones al colectivo, al hacerlo, se dialoga y se decide si se acciona desde el colectivo o lo individual. Fuentes Rojas no es el tipo de colectivo que exige a sus integrantes pensar de la misma manera, no es un “todo o nada”, abre siempre un espacio para la diversidad y este es uno de los secretos por los que han durado tanto.
  • Ofrecer diferentes modelos de participación y de gestionar lo colectivo. Aunque hay un núcleo del colectivo, aquellos que se integran pueden ir decidiendo sus niveles de participación en el proyecto. Siempre hay apertura a las iniciativas de todos los tipos de integrantes e invierten tiempo en leer y explorar sobre los modos en los que puede gestionarse lo colectivo. La lucha por lo democrático también se ejerce desde dentro del colectivo. Hay un reconocimiento de que el conflicto y la discusión también abonan y contribuyen a fortalecer el vínculo y el compromiso con el proyecto.
  • No perder de vista los universos personales. Se reconoce la complejidad de lo individual y también han decidido ser realistas con lo que pueden hacer. Si hay alguna marcha a la que no pueden asistir, aunque lo lamentan, también lo comprenden. Aún así mantienen el compromiso y constancia con el proyecto.
  • El textil no sólo existe para ser bello. Aunque hay pañuelos bordados muy elaborados, aquellos que no resultan tan “bellos” no pierden su fuerza y potencia como agentes de cambio.
  • Los hombres también bordan. Es importante desmitificar estas prácticas como exclusivamente femeninas y la reapropiación de ellas desde la militancia y el activismo abre estas posibilidades.

Redes sociales:

Facebook: Fuentes Rojas
Facebook: Bordando por la paz
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Referencias:

Bordando por la paz y la memoria en México: feminidad sin sumisión y aspiraciones democráticas

Estas activistas usan el bordado para protestar contra los asesinatos en México

Bordar para no olvidar: Las manos que tejen un memorial por las víctimas de la violencia en México

Bordados por la Paz: hilos que escriben justicia social